¿Por qué cuando nos enamoramos no podemos dejar de pensar en esa persona? ¿Por qué esperamos sus mensajes con tanta ilusión? Pensamos en esa persona constantemente, esperamos sus mensajes, repasamos conversaciones y sentimos que pequeños gestos adquieren una importancia enorme. A veces incluso nos preguntamos: ¿qué me está pasando?
Aunque solemos hablar del amor como algo puramente emocional, detrás de estas experiencias también hay actividad cerebral.
Durante las primeras etapas del enamoramiento se activan circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la motivación y la atención. La dopamina es una hormona que tiene un papel muy importante en las primeras etapas del enamoramiento, ya que es la encargada de hacer que “idealicemos” a la persona que nos atrae. Por eso pensamos constantemente en ella, buscar su compañía o sentir una gran satisfacción ante gestos, como recibir un mensaje.
Cuando todavía conocemos poco a alguien, nuestro cerebro completa la información que falta utilizando nuestras expectativas, experiencias previas y deseos. Por eso, al principio de una relación no solo nos relacionamos con la persona que tenemos delante, sino también con la imagen que estamos construyendo de ella.
Con el tiempo, la intensidad inicial se transforma en una relación basada en una mayor confianza, seguridad, intimidad y sensación de tener un vínculo más profundo con la otra persona.
En estos procesos intervienen diferentes sistemas neurobiológicos, entre ellos la oxitocina y la vasopresina, que son hormonas que se relacionan con la vinculación social, además de los circuitos de recompensa. Ambas hormonas se relacionan con los procesos de apego y mantenimiento de los vínculos.
Por eso, que una relación deje de sentirse exactamente como durante los primeros meses no significa necesariamente que el amor haya desaparecido. Los vínculos pueden cambiar de forma pero seguir siendo igual de significativos.
La neurociencia puede ayudarnos a comprender qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos, pero no puede explicar por sí sola por qué elegimos unas relaciones y no otras.
Nuestra historia personal, el apego, las experiencias familiares, nuestros roles a la hora de relacionarnos y nuestras expectativas también influyen en nuestra manera de vivir las relaciones de pareja.
Por eso, sentir una gran conexión con alguien no siempre significa que exista una relación sana. El amor puede sentirse de una manera muy intensa y, al mismo tiempo, necesitar ser revisado y es importante cuidarlo.
Si quieres saber más sobre cómo funciona nuestro cerebro cuando nos enamoramos, no dudes en ponerte en contacto con nosotras.
