Con el acceso a Internet, a las redes y diferentes plataformas, tenemos acceso a una gran cantidad de información, a veces veraz y otras no tanto. En este blog vamos a hablar sobre las etiquetas y el sobrediagnóstico que se está observando en los últimos tiempos en las personas que vienen a terapia.
En la actualidad es muy común escuchar en terapia: “yo es que soy PAS (persona altamente sensible)”, “tengo TDAH”, “tengo ansiedad”, “tengo fobia social”… El acceso a tanta información puede ayudar en parte a contactar con redes de apoyo, leer sobre personas que están en tu misma situación y sentirte perteneciente a un lugar, buscar ayuda, etc. Pero por otro lado puede contraproducente buscarle una explicación o etiqueta a todas las cosas que nos suceden. Somos una sociedad que por el uso inmediato de plataformas que nos dan información, no sabemos sostener la incertidumbre ni el miedo que esto produce, y lo que hacemos para calmar esto es buscar las cosas en Internet. Pero claro, en Internet hay mucha información que es veraz y otra que no, además de existir mucha información que debe ser dada por un profesional que es el encargado de digerir, discriminar y detectar si la sintomatología que tiene el paciente concuerda o no con una etiqueta diagnóstica.
A veces el hecho de tener una etiqueta o nombre que describa lo que me sucede, me hace sentirme con mayor control y manejo de la situación. Esto está bien en los casos en los que la etiqueta corresponde con lo que le sucede a la persona, y lo ha determinado un profesional de la salud mental, si por el contrario no es así, la etiqueta puede ser contraproducente y no ser ese diagnóstico, o desresponsabilizar a la persona para pedir ayuda o hacerse cargo de sus acciones. Por ejemplo: “ah yo no voy a trabajar nada en terapia, porque mi ansiedad es producida porque tengo TDAH y esto entonces no se cura”. Frases de ese tipo se escuchan en sesiones y muchas veces no son etiquetas bien colocadas y hacen que la persona no haga nada por mejorar o cuidarse.
En concreto queremos centrarnos en una etiqueta que en los últimos años ha cogido gran protagonismo en redes sociales: ser PAS. Para empezar, hay que aclarar que el PAS no existe en el manual DSM de psicología (manual en el que todos los psicólogos se basan para discriminar entre unos diagnósticos u otros), ni hay cuestionarios o test que puedan evaluar o medir esto, es decir no es una etiqueta diagnóstica que pueda poner ningún profesional en un informe. Este término se ha creado para describir a personas que tienen una alta sensibilidad emocional y sensorial, y al ser esto algo tan amplio, todas las personas pueden entrar dentro de este término. Bajo nuestra mirada profesional, esta etiqueta no aporta información nueva, pues una persona puede ser más sensible sensorialmente o emocionalmente puesto que hay umbrales diferentes, personalidades distintas y tenemos historias diferentes. Cómo aprendemos a regularnos emocionalmente o cómo nos han enseñado es algo que afectará directamente a la sensibilidad emocional, además del temperamento con el que nacemos. Por ello desde una mirada de intervención psicológica esta “etiqueta” no modificará la forma del psicólogo de intervenir en terapia y de conocer al paciente para poder trabajar aquellos objetivos que se establezcan. Si quieres saber más sobre esto a nivel neurológico o psicológico puedes escribirnos para preguntarnos en info@aliarapsicologia.com. Dejamos aquí también un enlace de un neuropsicólogo (@neuronacho) que lo explica muy bien en sus redes sociales: pincha aquí