Todo el mundo vive situaciones en las que siente que va “en piloto automático” o sin estar del todo conectada (por ejemplo, cuando vamos conduciendo, o cuando vamos por un camino por el que sueles ir de manera habitual, etc.) Sin embargo, para algunas personas esa sensación no es puntual, sino que forma parte de su día de una forma recurrente. Es lo que se conoce como disociación.

La disociación es un proceso psicológico en el que nuestros pensamientos, emociones, recuerdos o percepciones se desconectan parcialmente y de forma temporal de la conciencia habitual. Es decir, es como si la mente se “desconectara” en cierto grado del momento presente para poder seguir funcionando.

En muchos casos, este mecanismo se activa cuando el cerebro percibe que una situación es emocionalmente muy intensa o difícil de procesar. La disociación es como una forma de protección emocional que funciona creando “distancia” frente a la experiencia. Esto puede ocurrir, por ejemplo, en situaciones de miedo muy intenso, trauma, altos niveles de ansiedad…

La disociación puede aparecer con diferentes grados y formas:

-Despersonalización: sensación de desconexión de uno mismo, como si te observaras desde fuera.
-Desrealización: sensación de que el entorno es irreal o extraño.
-Amnesia disociativa: dificultad para recordar ciertos periodos o experiencias.

Como explicábamos anteriormente la disociación es una experiencia relativamente común y no necesariamente problemática, de hecho, forma parte del funcionamiento normal de la mente. En estos casos, la mente simplemente reduce el nivel de atención consciente sobre lo que está ocurriendo, sin que esto suponga ningún problema.

Este tipo de experiencias no solo son normales, sino que en muchos casos pueden ser adaptativas, ya que permiten al cerebro ahorrar recursos o gestionar mejor determinadas situaciones. La diferencia aparece cuando esta desconexión deja de ser puntual y comienza a ser frecuente, intensa o genera malestar. Es decir, cuando la persona no solo experimenta momentos aislados de “piloto automático”, sino una sensación persistente de no estar presente, de extrañeza o de desconexión consigo misma o con el entorno.

Algunas señales de alerta que nos indican que esto está ocurriendo pueden ser:

-Sentirse desconectado de uno mismo de forma recurrente.
-Sensación persistente de irrealidad.
-Dificultades importantes para recordar ciertos periodos.
-Problemas para sentirse presente en la vida cotidiana.

La intervención psicológica puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y trabajar las causas que están detrás de la disociación.

Con el acompañamiento adecuado, muchas personas aprenden a gestionar estas experiencias y a recuperar una mayor sensación de estabilidad interna. Si te sientes identificado/a con estas sensaciones y sientes que necesitas ayuda, no dudes en ponerte en contacto con nosotras.