La etapa perinatal (embarazo y posparto) constituye un periodo de especial vulnerabilidad psicológica. Sin embargo, a pesar de la alta prevalencia de trastornos mentales durante estos meses/años, sigue existiendo una escasa conciencia social y profesional sobre la necesidad de prevenir, detectar y cuidar de forma específica esta etapa.
La salud mental en la maternidad continúa siendo, en muchos contextos, un tema tabú. Este silencio genera una importante carencia de información y formación, tanto en las madres como en los propios profesionales. Como consecuencia, se dificulta la detección temprana y el abordaje adecuado de los trastornos perinatales, aumentando el riesgo no solo para la mujer, sino también para su bebé.
Por ello, resulta fundamental avanzar hacia modelos de atención especializados que contemplen la díada mamá-bebé como una unidad inseparable. Contar con servicios y recursos específicos permite proteger el vínculo afectivo, favorecer la lactancia y promover un desarrollo saludable desde los primeros momentos de vida del bebé. La intervención no debe centrarse únicamente en el síntoma, sino en el acompañamiento integral de la experiencia materna.
Cuidar la salud mental perinatal es, en esencia, una forma de prevención social. Atender el bienestar emocional de la madre implica también proteger la salud mental de los bebés que están por venir y, con ello, de las futuras generaciones. La psicología perinatal trabaja precisamente en ese espacio: el del vínculo temprano, el del desarrollo emocional y el del adulto (madre/padre) que está naciendo junto al bebé.
Otro pilar clave en la prevención es el valor del grupo. Compartir experiencias con otras madres rompe el aislamiento y la sensación de soledad que a menudo acompaña a la crianza. Los espacios grupales ofrecen contención emocional, fomentan la creación de redes de apoyo y promueven vínculos de solidaridad y ayuda mutua. En ellos se transmite conocimiento, pero también sabiduría vivencial; se fortalecen competencias relacionales y psicológicas, se facilita la adaptación a la maternidad y se potencia el sentimiento de capacidad y empoderamiento.
Asimismo, la prevención perinatal requiere de una adecuada coordinación entre profesionales y de la implementación de programas específicos en distintos ámbitos sociales. Escuelas infantiles, centros de salud, cursos de preparación al parto y profesionales obstétricos (como matronas o ginecólogos) que desempeñan un papel esencial en la detección precoz y el acompañamiento de las familias.
Además, es importante recalcar el cuidado de quienes cuidan, pues algunas de las razones que pueden llevar a prácticas inadecuadas en la atención al parto (como la violencia obstétrica) están relacionadas con la falta de formación en aspectos emocionales, la dificultad para abordar la dimensión sexual del parto o la presencia de traumas no resueltos y situaciones de desgaste profesional. Atender psicológicamente a los equipos sanitarios no solo mejora su bienestar, sino que repercute directamente en la calidad del cuidado que ofrecen.
Promover la prevención en la etapa perinatal es imprescindible porque acompañar a una madre no es solo sostener su presente, sino también contribuir a construir el futuro.
