Cuando vivimos una pérdida importante para nosotros, como puede ser un fallecimiento o una ruptura amorosa, es común conectar con una sensación de vacío muy desagradable, de desamparo y falta de motivación, pero que forma parte del duelo. Generalmente, a medida que avanzamos en este proceso, poco a poco vamos adaptándonos a la nueva situación sin la presencia de la persona con la que hemos vivido dicha pérdida y la sensación de vacío va desapareciendo. 

Sin embargo, en muchos casos ese sentimiento de vacío no está ligado a ninguna situación puntual que lo desencadene, sino que es una fuente de angustia permanente o de manera intermitente. Esta sensación nos hace sentir tristes, perdidos, heridos y con una profunda sensación de soledad. Es como un agujero interior que por mucho que intentemos llenar a través de diferentes vías (relaciones de pareja, haciendo gran cantidad de planes, consumo de drogas, etc) no desaparece porque la mayoría de las veces ni siquiera entendemos su origen ni lo que necesitamos. ¿Qué es este vacío emocional realmente? 

No tiene por qué existir una causa única, pero “lo vincular” e interpersonal explica gran parte de esta sensación, lo cual se relaciona en gran medida con nuestra infancia. El cerebro se desarrolla desde que somos pequeños en relación con nuestro entorno, y en las relaciones con los demás se crean la mayor parte de las conexiones neuronales, por lo que los vínculos que establecemos durante los primeros años de vida (especialmente nuestras figuras de apego principales), van a tener un papel fundamental en cómo entendemos nuestras propias emociones y las de los demás, por ejemplo, este sentimiento de soledad ligado al vacío. 

En todo este proceso de aprendizaje de regulación emocional en relación con el otro, vivimos múltiples experiencias en las que por diversos motivos nuestras necesidades emocionales no son cubiertas y en un niño esto se percibe como soledad y abandono. Por otro lado, todas las experiencias que vivimos de pequeños, según cómo las ha procesado el niño, hace que podamos tener diferentes huellas o heridas emocionales que en algunos momentos aparecen porque vivimos situaciones que emocionalmente y de manera inconsciente nos conectan con los momentos del pasado en los que nos sentimos de dicha forma y en ese momento no pudimos procesar.

Por todo ello, para poder abordarlo, es importante realizar un trabajo interno que nos permita poder abordar esta sensación de vacío.

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