En estos momentos, sobre todo destacan los cuestionamientos hacia uno mismo o hacia la vida, las comparaciones consigo o con los demás, los sentimientos no gratificantes como la falta de identificación o de comprensión hacia uno mismo, la sensación de insatisfacción o la pérdida de ilusión. Son etapas en las que todo lo forjado empieza a tambalearse o por lo menos a cuestionarse y todo lo que queda por delante se ve de manera torpe o con falta de nitidez.

Además, estas crisis también nos hablan de nuestra infancia, de nuestra educación y de las expectativas nuestras y de nuestros progenitores o entorno. ¿Qué soy y que quería ser? ¿qué soy y qué quieren o hubieran querido que fuese? ¿me imaginaba yo así cuando era pequeño? ¿he cumplido con lo que yo soñaba? A veces, también aparecen personajes que no nos gustan nada a decirnos cómo deberíamos ser y no estamos siendo. Este personaje podemos ser nosotros mismos desde el lado más inquisitivo o figuras de nuestra infancia como nuestro padre, madre, profesor… Esta figura no hace nada más que añadir tensión, rudeza y crítica a lo que ya de manera innata existe en un momento de cambio crítico.

¿Qué hacer o cómo actuar ante esta situación? ¿cómo salir de esta invasión de preguntas? Una de las cosas más importantes es el autoconocimiento, es decir conocer cómo soy yo, si estoy cómodo y disfruto con como soy, si tengo aspiraciones que van más allá y quiero cumplir, si deseo ser diferente, si necesito algo de mi que no me doy…  Muchas de estas cuestiones se pueden trabajar en un proceso terapéutico, donde se da un conocimiento personal profundo para saber cuál es nuestra necesidad básica y si estamos atendiéndola.

Otra de las cosas importantes en este proceso es la tolerancia a la incertidumbre. Muchas veces tenemos muchas dudas sobre la vida, el futuro y lo que nos deparará y a estas cuestiones no se les puede dar una respuesta objetiva y afianzada porque están por llegar, no las sabemos. ¿Qué hacer aquí? Tolerar la incertidumbre y disfrutar en el camino con estas dudas, pues no saber también está bien. No saber nos permite fantasear, imaginar, movilizar y decidir, aunque también no saber nos produce inseguridad, miedo, dudas…

Por último sería bueno atender también a esa voz interna que a veces nos puede aparecer con la exigencia de lo que deberías ser y no estás siendo: “vaya vida… 36 años y todavía vives en casa de tus padres”, “madre mía… con 28 años y sin saber qué quieres hacer con tu vida” … ¿os suena? Estos ataques que nos hacemos desde nuestro “yo inquisitivo” suelen ser muy juzgantes y dañinos, y si son muy constantes no nos ayudan a movilizar, si no que nos bloquean y paralizan. Por ello, en estas situaciones es importante escuchar esta voz, ver de dónde viene y poder ponerle nombre para cuando aparezca saber que es esa parte nuestra que nos bloquea y que ya conocemos que viene de vez en cuando desde nuestra inseguridad, miedo e incertidumbre.

¿Quieres saber más acerca de las crisis existenciales o cómo tratarlas? ¿Quieres comenzar un proceso de autoconocimiento y no sabes cómo hacerlo? Escríbenos y te informamos sin compromiso.

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